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Colombia: Estado falló en no ocupar lugares que dejó las FARC

13 Nov. 2017

Colombia: Estado falló en no ocupar lugares que dejó las FARC

Crece alarmantemente el crimen en las zonas donde terminó la guerra
En el primer semestre de 2017, los homicidios aumentaron un 15% en los territorios que controlaban las FARC. El nuevo avance de los cultivos de coca y la pelea del ELN con otras bandas criminales por quedarse con el negocio

Violencia no cesa. Entre enero y junio de 2017 se registraron 5.629 homicidios en Colombia, 361 menos que un año antes. El dato podría ser muy alentador, si no fuera porque hay otro que lo eclipsa: en las zonas más calientes del país, donde las FARC tenían mayor presencia hasta la firma de la paz hace exactamente un año, los asesinatos treparon un 15% (de 1.011 a 1.164). Ese es el resultado más palpable y dramático de un conflicto que crece día a día: la lucha entre distintas organizaciones armadas y bandas criminales por el control del territorio.

El esperado fin de la guerra entre las FARC y el Estado colombiano coincidió con otro fenómeno alarmante: la expansión de los cultivos de coca, que pasaron de cubrir 96.084 hectáreas en 2015 a 146.139 hectáreas en 2016, el máximo en 20 años. El manejo de la producción de cocaína y de las rutas internacionales del narcotráfico es el gran botín en disputa.

“Desde noviembre de 2016 vemos un proceso de paz que ha sido bastante exitoso, no hay dudas de eso. La gran mayoría de las FARC entraron en los campamentos y hubo una clara voluntad por parte de la organización y sobre todo de sus altos comandantes. Menos de un año después de la firma, tenemos un nuevo partido político llamado FARC (Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común), que ya tiene un candidato presidencial (Timoshenko, el líder de la guerrilla), y que está trabajando estrechamente con el gobierno para completar su vuelta a la vida civil”, dijo a Infobae Ivan Briscoe, director del Programa para América Latina y el Caribe del Crisis Group, ONG que busca soluciones pacíficas a conflictos internacionales.

Pero ese éxito que se ve en la masiva desmovilización de guerrilleros y en la entrega de más 7.000 armas a la ONU, no puede ocultar los graves problemas de implementación que está teniendo el pacto. Allí hay que dirigir la mirada para entender el rebrote de la violencia y del narcotráfico en las históricas zonas de conflicto.

“La realidad socioeconómica de Colombia no ha cambiado desde la firma del acuerdo —continuó Briscoe—. En las regiones periféricas del país hay mucha pobreza, pocas oportunidades, y estructuras sociales muy desiguales y decimonónicas. En esos lugares vemos un empeoramiento de la violencia. Vemos nuevos o viejos grupos armados interesados en controlar la coca, la minería ilegal o la extorsión”.

La combinación de subdesarrollo económico y vacío institucional que se ve en la periferia está teniendo una consecuencia nefasta: la alianza de algunos campesinos con organizaciones criminales. La virtual inexistencia de oportunidades de trabajo en el mercado formal volvió al cultivo de coca para la posterior producción de cocaína la única actividad rentable, junto con la minería ilegal.

“Los espacios de poder que estaban ocupando las FARC debía llenarlos el Estado, pero esa expectativa no se cumplió. Entonces, lo que pasó es que los diferentes grupos empezaron a llenar esos espacios, y ahora están en una disputa grandísima”, explicó Sandra Borda Guzmán, profesora de ciencia política en la Universidad de los Andes.