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Opinión

Combi electoral

10 Jul. 2017

Combi electoral

Por: Antero Flores-Araoz

Al principio de los años noventa, se deshizo el transporte formal urbano en nuestra capital, bajo el mito de la privatización y con olvido de que no todo tiene que ser privado. El resultado fue que salieron de circulación empresas municipales de transporte siendo sustituidas por las famosas “combi” que recogían pasajeros de donde les viniera en gana. Para las “combi” no había paraderos, menos señalización y tampoco reglas de tránsito. Incluso, cuando se les ponía “papeletas” las multas eran incobrables, simplemente no las pagaban y aquí no pasaba nada, el reino de la impunidad vial.

Las agrupaciones políticas tienen algo de “combi” pues para presentar candidatos al Parlamento, a los Gobiernos Regionales y a los Concejos Municipales, no siempre recurren a sus afiliados y dirigentes, sino abren sus puertas a foráneos para integrar sus listas. No cuestionamos la apertura, pero si criticamos con severidad a que no se seleccione debidamente a los invitados, no se les investigue previamente sobre sus antecedentes de todo tipo, para conocer si son personas correctas y que vayan a contribuir con la solución de la problemática nacional, regional y local.

Los partidos al hacer invitaciones a integrar sus listas recurren con facilismo a quienes les pueden aumentar su caudal electoral, pero no necesariamente por sus conocimientos, actitud cívica, y solvencia moral. Simplemente si son conocidos por los electores por su presencia farandulera, por su comicidad, por sus payasadas (también con boina) o por su actuación televisiva o teatral, pues a barrer para adentro e incorporarlos en las listas de candidatos. ¡Ellos jalarán votos! es la absurda justificación de las colectividades políticas.
También existe el caso de invitaciones a quienes tengan imprentas, periódicos, radios o televisoras, que pueden ayudar en las campañas electorales, así como también a escribas en diarios y revistas, a locutores y entrevistadores en radios y televisión, sin ser necesariamente de los serios que prestigiarían a cualquier partido político, que también los hay.

La falta de recursos económicos de los partidos políticos, los lleva a veces a aceptar como candidatos a aportantes de varios ceros, que para las carísimas campañas electorales les resuelven problemas.

El tema es más grave aún. En estos tiempos en que casi no existen ideologías políticas, salvo en los extremos, casi todos están en un centro político altamente tugurizado, por lo que no existe para algunos reparo de conciencia al pasar de una agrupación a otra de similar presencia. Lo señalado indiscutiblemente atenta contra el principio de por lo menos mínima lealtad a la agrupación política invitante y que logró convertirlos en parlamentarios, gobernadores, consejeros, alcaldes o regidores.

No se trata de ganar votos por ganar, sino se trata de conseguirlos para gobernar con pulcritud y decencia en todos los niveles estatales. Hay que terminar con el “todo vale” y escoger bien a los candidatos. No podemos darnos el supuesto lujo de encumbrar a cualquiera y las consecuencias las vemos a diario, allí tuvimos a los roba cable, come pollo y tantos otros que desprestigiaron la política nacional.