logo La Razón
El diario de todos los peruanos
Opinión

Con las bombas hemos topado Sancho

19 Apr. 2017

Con las bombas hemos topado Sancho
Martín Belaunde

Por: Martín Belaunde Moreyra

¿Estaremos ingresando a una etapa parecida a la que el mundo experimentó en octubre de 1962 con la crisis de los misiles? En ese momento estuvimos muy cerca de una guerra nuclear, que tuvo un final feliz excepto para sus dos principales protagonistas. El Presidente Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas en noviembre de 1963 y el Secretario General Kruschev fue depuesto por sus colegas del Comité Central del Partido Comunista de la ex Unión Soviética en octubre de 1964. Sea cuales fueren las críticas retrospectivas que se hagan a los dos, el intento de la ex Unión Soviética de colocar misiles en Cuba con cabezas nucleares apuntando al corazón de los Estados Unidos, pudo solucionarse diplomáticamente.

Estados Unidos aplicó una “cuarentena” a los barcos rusos que llegaban a las costas de Cuba transportando los misiles y Kruschev ordenó el desmantelamiento de los que estaban en la isla. ¿Cuál fue el costo de este dramático pulseo? Básicamente el compromiso de los Estados Unidos de no invadir Cuba, vigente hasta hoy, y el arreglo secreto, hecho efectivo algún tiempo más tarde, de retirarse de ciertas bases en Turquía. El efecto neto de esta crisis fue una victoria parcial de los Estados Unidos, cuyas consecuencias finales fueron apreciadas con la disolución de la Unión Soviética en 1991.

¿Cómo estamos ahora? El escenario mundial es otro. Trump no es Kennedy ni Putin tampoco es Kruschev. Ni siquiera es comunista, aunque si veterano de la KGB y fervoroso nacionalista ruso, que desea recuperar para Rusia el sitial planetario que perdió después de la caída del muro de Berlín. Podría decirse objetivamente, que en el concierto del poder mundial vendría a ser la antítesis de Gorbachov. Es un hueso muy duro de roer para Trump o para cualquiera que se le cruce por delante. Pero las diferencias no terminan ahí.

En el juego de las hegemonías han surgido otros actores. La República Popular China cuyo desarrollo material y coherencia política (que no implica democracia) la ha convertido en la segunda potencia económica así como segunda o tercera potencia militar del planeta, con un aliado ingobernable que acrecienta y simultáneamente dificulta su liderazgo mundial. Ese aliado no es otro que Kim Jong-un, tercer heredero de la dinastía Kim que gobierna Corea del Norte desde 1945. El objetivo central de su gobierno es fabricar un artefacto nuclear que pueda lanzar sobre Corea del Sur, Japón y quizás los Estados Unidos. ¿Lo podrá hacer? Trump ha tomado en serio la amenaza enviando al portaviones Carl Vinson con una armada lista para actuar.

Sin perjuicio del desafío norcoreano, se mantiene la tensión en Siria con su interminable y cruel guerra civil. Los americanos lanzaron los misiles Tomahawk sobre una base siria en respuesta al uso por Bashar al Asad de armas químicas contra los rebeldes, desatándose una dura confrontación con Rusia. Frente a la “madre de todas las bombas” lanzada por el ejército norteamericano en Afganistán hace una semana, los rusos han anunciado un artefacto aún más poderoso sarcásticamente denominado “el padre de las bombas”. ¿Cuál sería un óptimo desenlace luego del fracaso norcoreano en el lanzamiento de su misil? Que prevalezca la diplomacia invocada por el líder chino Xi Jinping.