Corrupción y signos de riqueza

Por: Ántero Flores-Aráoz

Sin duda alguna el cáncer de la política es la corrupción, a la que hay que ubicar, atacar y vencer.
Evidentemente mejor que curar la enfermedad es prevenirla, lo cual es también aplicable a la actividad política.

Para la prevención se requieren políticas públicas de absoluta transparencia, así como también fiscalización adecuada desde la formulación de bases para concursos y licitaciones, pasando por la suscripción de los contratos y adendas, hasta su ejecución.

Decimos que los controles deben ser los “adecuados” significando ello que ni deben ser laxos ni tampoco excesivos, en que por temor los funcionarios públicos no quieran estampar sus firmas en parte alguna de los procesos de selección y contrataciones públicas, sea de obras o de adquisición de bienes y servicios.
Si bien es necesario empoderar cada vez más a la Contraloría General de la República para las tareas que la Constitución y las leyes le asignan, también hay que reconocer que no tiene ni los recursos humanos ni económicos suficientes para el control de todas las reparticiones estatales. Baste recordar que entre municipios provinciales y distritales tenemos aproximadamente 2000 entidades que fiscalizar. Sería conveniente que para entidades de menor relevancia presupuestal se utilice un sistema alternativo con sorteo público de las entidades no consideradas en los planes de fiscalización, pero que serán auditadas aleatoriamente.

La ciudadanía puede contribuir mucho en la lucha anticorrupción, no únicamente con la denuncia reservada y protegida, sino con la observación de los signos exteriores de riqueza de funcionarios y ex funcionarios con poder de decisión.

No nos digan que todos los funcionarios o ex funcionarios se sacaron la polla en el Hipódromo de Monterrico, o que tuvieron el premio mayor y acumulativo de la Tinka, o que compraron un billete de la Lotería de Miami y se hicieron ricos. Tampoco nos digan que todos tenían una tía rica que les dejó en herencia una fortuna, pues no existen tantas tías ricas en el universo, y nadie que se lo crea.
Estamos escamados de ver a ex funcionarios con residencias que son un lujo y dan envidia, con casas o departamentos en exclusivas playas del distrito de Asia, y con automóviles y camionetas 4 por 4 que podrían hasta competir en las carreras más prestigiosas del mundo. Lo que no se puede ver a simple vista es de donde salió todo ello, si es que no hay éxito profesional o empresarial que demuestre el origen de tanta solvencia, por lo menos económica, ante la ausencia de la solvencia moral.

Debemos estar atentos y señalar los casos de la solvencia económica inexplicable, para ser investigados. Recuerdo a un buen amigo que ante la expresión de un Presidente de la República sobre un funcionario que se le veía demacrado, insinuando que debía ir al médico, el buen amigo le contestó que mejor fuera donde su manicurista porque tenía las uñas largas.

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