Crisis en la educación

Por: Francisco Diez-Canseco

En una columna anterior, me referí a la necesidad de desarrollar un programa de educación contra la corrupción en las escuelas y universidades del Perú, tal como exitosamente lo hizo en Lambayeque hace algunos años el Consejo por la Paz.
Pero el concepto es mucho más amplio ya que tenemos que vincularlo necesariamente al sentido general que tiene la educación en el Perú desde que, en la época de Velasco Alvarado, se eliminó la educación cívica y nunca se restableció como debe ser.
Los niños y jóvenes pasan tanto o más tiempo con sus profesores que con sus padres, especialmente en un escenario como el actual en el que la lucha por un ingreso  adecuado y  las demandas de una sociedad consumista, generan tremendas distorsiones en las relaciones familiares.

A ello se suman otros factores como la percepción de influencias externas no filtradas por parte de los adolescentes que incluyen una buena dosis de internet y la aparición de un espíritu crítico que puede ser negativo en la medida de la ausencia de un proceso más profundo de captación de la realidad.

Estos son temas ajenos a la educación en el Perú y que deberían estar por encima del debate político ya que se encuentran en el área incontrastable de los valores, aunque es cierto que la ética marxista, de carácter colectivo, se contrapone a la ética individual que practicamos. Y el marxismo se ha extendido como una plaga entre los profesores en nuestro país, incluyendo la presencia nociva del senderismo.

La ideologización de la educación es otro factor absolutamente negativo desarrollado precisamente por la izquierda marxista, en el afán totalitario de captar la conciencia colectiva de las nuevas generaciones. Tal es el caso de la mal llamada Comisión de la Verdad y Reconciliación que ha logrado significativos avances para que sus conclusiones constituyan parte del acervo educativo en un intento descarado de imponer su “verdad”.

Al final, la educación en nuestra patria requiere un definitivo golpe de timón que la lleve más allá de la enseñanza de las letras y las ciencias a la conciencia y el alma de esos jóvenes que constituyen la esperanza de un Perú con valores y sin corrupción. (*) Presidente del Consejo por la Paz-Presidente de Perú Nación

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