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Opinión

[Crítica] l Rosa Chumbe, la película y algo más

16 Jun. 2017

[Crítica] l Rosa Chumbe, la película y algo más
José Antonio Perez-Wicht

Por: José Antonio Perez-Wicht @pewic

Rosa Chumbe podría ser un retrato más, entre tantos que hay, de la mujer peruana de mediana edad y de su lucha continua que yace adormecida bajo los efectos de la rutina. Pero es ahí, quizás, donde recae lo potente de la película; esta narración del dia a dia en la vida de una mujer, quien refugiada en una aparente anhedonia, se aferra al alcohol, a los casinos y a un programa cómico de televisión, para evitar cierta búsqueda de sentido, y que necesitará que la vida le vibre fuerte para poder despertar.

Rosa Chumbe (Liliana Trujillo) se desenvuelve en posición de protagonista y espectadora. Aplastada bajo la ambigüedad de esa doble carga, la vemos como protagonista de su propio laberinto sin salida, y al mismo tiempo, como espectadora de las idas y venidas de aquellos que la rodean. Trujillo se luce en un papel que le exige conectar a través de un silencio casi absoluto. El diálogo del papel principal es mínimo, pero la prolija ejecución de Trujillo resulta efectiva para resonar con el espectador. La película brilla cuando esos silencios se mimetizan con la impecable fotografía de Miguel Valencia, dándole al espectador el efecto de pesadez que corre por las cornisas de lo que pareciera ser una depresión crónica entumecida por los vicios de la adicción.

Rosa vive desconectada de ella y de su entorno, sostiene una relación maltrecha y herida con su hija Sheyla (Cindy Diaz), y aunque viven bajo el mismo techo, parecen estar condenadas al desencuentro. Es el nieto de Rosa y sus necesidades infantiles, las que sirven como una cuerda para unir a estas dos mujeres pero sin llegar a conectarlas. No es hasta que Sheyla roba los ahorros de su madre, que Rosa se ve en la obligación de cuidar de su nieto, y con esto, reencontrarse con todo aquello que quedó ahogado bajo el océano de ron por el que nada todas las noches. Aquel llamado del instinto materno que convoca más vida que muerte y que mueve los entretelones empolvados de la protagonista. Pero como pocos le escapan al destino escrito de aquel que vive preso a sus adicciones, Rosa tendrá que rezarle a todos sus santos por un renacer tanto real como simbólico, para que esta reconexión con ella, y con la vida misma, no quede marcada por las fiebres de la tragedia.

La película tiene ciertas debilidades de guión que se revelan en escenas que resultan forzadas, curiosamente en donde de alguna manera se ensucia el silencio de Rosa Chumbe con diálogos poco trabajados e innecesarios, como si por momentos el guión cediera ante la angustia al vacío y se tambaleara. Definitivamente, pequeños vicios que no opacan una historia con capacidad de impacto debido a sus dotes de identificación y conexión.

La pantalla grande suele ser negligente y desinteresada con las mujeres que le escapan al estereotipo acostumbrado. La propuesta de Relayze destaca en su capacidad humana para exponernos a una mujer agotada, aburrida y vencida que hace uso de sus pequeños artificios a través del vaivén de su propia historia enajenada, y de paso, no pierde oportunidad para acercarnos a la realidad de miles de mujeres que enfrentan el espanto del aborto clandestino a falta de un sistema de salud efectivo. Imposible terminar la película y no preguntarse por estas mujeres, tantas que hay, tantas que no son vistas, y de la necesidad de que se hagan escuchar, y que se vuelvan protagonistas de su propia historia.

La cinta dirigida por Jonatan Relayze tiene la suficiente carga emocional y visual para convertirse en una obra relevante en lo que va de nuestra historia cinematográfica, y si no lo logra, será por la injusticia del propio espectador peruano, el cual parece estar entrampado sin poder darle una oportunidad a las películas nacionales, o será ese freno tan tonto y sin sentido del peruano que se siente castrado ante una protagonista mujer lo que merece un análisis antropológico a profundidad. Sea cual sea el caso, lo logrado por Trujillo bajo la visión de Relayze, merece más ruido de aplauso.