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Opinión

¿Donald Trump, una caja de Pandora? (IV)

11 Sep. 2017

¿Donald Trump, una caja de Pandora? (IV)

Por: Alter B. Himelfarb W.

La dubitación, la inseguridad, lo poco perentorio como se manifiesta el Presidente Trump en la toma de decisiones, fastidia al pueblo norteamericano. No ha sido frecuente que un Presidente norteamericano tenga que estar rectificando sus decisiones o retocar sus declaraciones o hacer cambios bruscos y repentinos en el nombramiento del personal que lo asesora.

El sector privado, como ocurre en casi todos los países, tiene sus asociaciones o federaciones, de industriales o comerciantes u otros gremios especializados. Estos, de acuerdo a políticas definidas, intervienen por lo general en los Consejos de Política Económica, que son entes de carácter mixto: Sector Público o del Gobierno y Sector Privado. De manera que los del Sector Privado no son funcionarios del Gobierno. Son simplemente expertos, conocedores de los temas, obrando como asesores.

Aconteció que la manifestación permitida de los grupos supremacistas blancos, fue un error. En honor a la moral, no puede haber libertad, para que grupos reaccionarios y segregacionistas, enarbolando banderas nazis (con esvásticas), siendo que los Estados Unidos luchó contra el nazismo en la 2ª. Guerra y siglos antes abolió la esclavitud marchen en unión de miembros de la depravada secta del Ku-Klux-Klan y otras turbas de ese mismo estilo. Aquí en éste punto, debería haber tolerancia cero.

Esa sí es una verdadera ofensa contra el gran Estados Unidos considerando los ciudadanos que dieron sus vidas en la Guerra de Secesión, contra la esclavitud y en la II Guerra Mundial, contra el nazismo, amén de un deshonor para los llamados veteranos” de la II Guerra Mundial.

Además, los grupos de la supremacía blanca” marchaban para protestar por su oposición a que de los parques públicos desmontaran las estatuas del famoso General Lee, defensor de la esclavitud durante la Guerra de Secesión (1861-1866). Pero otros grupos estaban haciendo una contra-manifestación. Se presentaron confrontaciones y fue cuando repentinamente apareció el esquizofrénico nazi, James Alex Field Jr., manejando el furgón blanco, arrollando a los de la contra-manifestación y asesinando a la joven Heather Heyes.

Pues a raíz de los tibios y ambiguos planteamientos del Presidente Trump, de –inicialmente-, fustigar la intransigencia de la manifestación de la gente reaccionaria, responsabilizándolos de la tragedia ocurrida y al día siguiente gira 180º, declarando que la responsabilidad es de los 2 grupos: El que está al margen de la Ley y los contra-manifestantes, los gremios, “Consejo de Fabricantes Estadounidenses”, el “Foro de Estrategias y Políticas” y la poderosa organización sindical, AFL-CIO, que de una u otra manera tienen a la masa norteamericana, sindicalizados o trabajando para ellos en fábricas y almacenes, decidieron romper toda colaboración con el Presidente Trump.

El asunto reviste gravedad por cuanto se rumora que todos esos grupos supremacistas votaron por Trump y de ahí, que esa reversa de Trump fue una especie de respaldo al pregón maligno de los supremacistas y un bofetón a la justa causa de los de la contramanifestación. No tanto como buen estadista, pero sí como político, (Aún no podemos calificarlo de bueno, mediocre o malo), cuidando los votos del futuro. No se puede deducir nada más claro, cuando comentó que también había buenos neonazis.

Empresas como Intel, Merck, Under Armour, Pepsi, General Motors, Walmart, JPMorgan y la central Obrera AFL-CIO, estaban retirándose de los Consejos o Comités empresariales. Y Boeing, General Electric, Lokheed Martin, Dow Chemical y Johnson & Johnson estaban pensando en tomar el mismo camino.

¿Qué deben hacer los consejeros que representan a las empresas y sindicatos que dan trabajo y albergan a toda la sociedad norteamericana? ¿Respaldar al Presidente Trump en sus discursos? ¿Cómo pueden respaldar a un Gobierno, que le da una tácita patente de corso a los supremacistas blancos, al nazismo, al Ku-klux-klan y a todos los movimientos racistas?
Todo ello, lamentablemente ha sido una “gran metida de pata”, como ya se comenta en los corrillos del Congreso, para un Presidente entuerto, necesitaría llenarse de la mayor inteligencia y hablar con verdadera honestidad, reconociendo haberse equivocado y llamar las cosas por su nombre. Pedirle excusas al pueblo norteamericano y prohibiendo la existencia de esos violentos y repulsivos movimientos de la supremacía blanca.

“No puede haber ambigüedad moral”, como dijera el congresista y líder republicano, Paul Ryan.
(*)– Miembro A.I.E.L.C.