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Opinión

El poder y la caída

19 Jul. 2017

El poder y la caída

Por: Martín Belaunde Moreyra

Utilizo un título prestado del autor boliviano Sergio Almaraz que describe certeramente la situación de la pareja ex presidencial. En menos de un año, el ex presidente Ollanta y su ex primera dama dejaron el Palacio de Gobierno para ser detenidos preventivamente por los presuntos delitos de lavado de capitales y asociación ilícita para delinquir, cometidos durante las campañas presidenciales del 2006 y 2011. Constituyen sin embargo, parte de un relato para alcanzar el poder con los medios económicos que estuvieren a su alcance, legítimos o no.

Es la triste historia de una joven pareja que se dedicó a la política al más alto nivel, basado en la controvertida carrera militar de Ollanta Humala, quien como mayor del ejército peruano, intentó en noviembre del 2000 un golpe en Locumba contra el desfalleciente régimen de Alberto Fujimori. Fracasó al cabo de dos días, pero fue catapultado a la fama y en menor medida su hermano Antauro, a quienes su padre Isaac educó para llegar a ser presidentes por la vía militar con o sin atajos de por medio.

La fama sin embargo, es un arma de doble filo, porque también lo expuso a las revelaciones de Madre Mía durante la lucha contra el terrorismo en el Huallaga, donde se le imputaron graves crímenes, investigados y archivados por el Ministerio Público en los años 2008 y 2009, pero que ahora han vuelto a resurgir con mayor fuerza. Asimismo surgió el rumor no confirmado, que el golpe de Locumba fue una maniobra publicitaria para facilitar la huida de Vladimiro Montesinos a Panamá. Ollanta Humala sufrió una breve prisión militar, luego fue amnistiado y nombrado por Toledo como agregado militar en Francia y Corea del Sur, lo cual le dio a la pareja una breve exposición internacional. Al desencadenar Antauro el “andahuaylazo” del 2005, mantuvo una posición dubitante y pasó al retiro con el grado de comandante, sin comprometerse con un acto delictivo que costó la vida de cuatro policías. Gozó del lado fácil de las rebeliones en las que sacó el cuerpo, pero acrecentó su dudosa fama, que le sirvió para su primera candidatura presidencial enarbolando la bandera del nacionalismo.

¿Qué tal nacionalismo financiado en el 2006 con dinero de la Venezuela chavista? Las agendas de Nadine, que ella primero negó, luego reconoció, después trató de negar por segunda vez, para alegar la prueba contaminada, revelarían aportes superiores a los US$ 3 millones. Recién estamos en el inicio de un largo juicio penal para determinar que ese dinero nunca declarado, les fue realmente entregado. Sí sabemos que el ritmo de vida de la pareja y sus giros bancarios no correspondían al modesto sueldo de un comandante retirado. Para la campaña del 2011, según las declaraciones de Jorge Barata, recibió de Odebrecht una donación de US$ 3 millones. ¿Nacionalismo mediante aportes en dólares de Venezuela y del Brasil para alcanzar e hipotecar el poder? Ollanta y Nadine tienen derecho a un juicio imparcial, donde también se valore que el primero no fue dictador y tampoco pretendió torcer la voluntad popular en las elecciones del 2016. Eso al margen de la opinión que nos merezca su gobierno.