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Opinión

El quinto mandamiento

14 Nov. 2017

El quinto mandamiento

Por: Andiolo Zevallos

Muy lejos de nuestras fronteras, en Bielorrusia, China, Vietnam, Corea del Norte, Laos, Siria y Yemen, lo llaman Secreto de Estado; en otros países es Condena a Muerte o Ejecución; para el Perú es pena de muerte o pena capital; frase siempre presente en la agenda política nacional, sobre todo cuando reaparecen tempestades políticas y problemas como la violencia, corrupción y el crimen organizado.

Aplicar esa pena sería negarle el derecho a la vida, proclamado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; y la Constitución Política del Estado, dice: “La pena de muerte sólo puede aplicarse por el delito de traición a la patria en caso de guerra, y el de terrorismo, conforme a las leyes y a los tratados de los que el Perú es parte obligada”.

Además del Quinto Mandamiento de la Ley de Dios, que dice: No Matarás. Por lo tanto, la vida del ser humano es sagrada, es el fruto de la sublime acción creadora de Dios, por ende debe ser respetada por todos, sobre todo, por las autoridades del gobierno y quienes administran justicia en el mundo.

Pese a los esfuerzos mundiales, solo el año pasado, Amnistía Internacional, reportó 3,117 condenas a muerte en 55 países del mundo; cifra superior al de los años 2,015 (1.989) y (2.466) en el 2014; la mayoría ejecutadas en Bangladesh, Camerún, India, Indonesia, Irak, Líbano, Nigeria, Pakistán, Congo, Somalia, Tailandia y Zambia; por diversos motivos.

“La venganza no debe nunca confundirse con la justicia, y la pena de muerte sólo sirve para agravar la injusticia” dice Zeid Raad Al Hussein, alto comisionado de las Naciones Unidas para los DD.HH.

La indignación ciudadana hacia los criminales, asesinos, sicarios, violadores y corruptos es innegable; pero la pena capital no reducirá su accionar delictivo. Lo que deben hacer es endurecer las penas y hacerlas que se cumplan, y sobre todo, trabajar de manera preventiva, desde las familias y las escuelas.

El ojo por ojo y diente por diente no es civilizado, nuestros gobernantes tienen la obligación de buscar mecanismos para sancionar a los infractores y a quienes no aplican la ley, a los jueces, policías y fiscales que muchas veces se hacen de la vista gorda.

En tiempos difíciles y sobre todo cuando hay tempestad política, la pena de muerte toma fuerza, pese a que el “Pacto de San José” impide su aplicación en el país.
El tema no puede ser tratado con ligereza, aunque la ciudadanía lo reclame, no se debe actuar como dice Emiliano Borja Jiménez, “La Justicia no se mide con el corazón caliente y la herida sangrante”.