El Trabajo y la Educación

Por: Pedro Godoy P.

SANTIAGO DE CHILE.- Existe consenso en erradicar el trabajo infantil. Sin embargo, apenas un comentario: el trabajo en cualquier etapa de la existencia es saludable. En países desarrollados, como EEUU, lo normal es el trabajo remunerado temprano. La meta: autofinanciarse. Lo negativo, obvio, es la explotación. Esta entre otras aberraciones mutila opciones de escolaridad del niño y reduce su universo lúdico. Son frecuentes las notas de prensa sobre el particular.

Se requiere, como complemento, otros igualmente documentados sobre la pereza infantil, adolescente y juvenil. Según nuestra hipótesis, la abulia, en aquellos rangos etarios, constituye un flagelo que afecta a todos los estratos de nuestra sociedad. Aún más, pareciera que la categoría de «estudiante» se estudie o no está convertida en una especie de patente de corso legitimante de esa flojera que se identifica como Síndrome de Lata Profunda (SLP).

Tal tolerancia aumenta en los sectores de menores ingresos. El «no estar ni ahí», el exigir derechos esquivando deberes, el identificar disciplina con autoritarismo, la porfiada pugna por trocar en el ámbito académico rigor por permisividad, el proponer la abolición del Servicio Militar, el «macheteo”, es decir, la mendicidad con aro, moño y pito, el discurso hippie con aliño ecoindigenista mixturado con pesadumbre y consumismo son algunas de sus manifestaciones.

Otras son la ducha caliente prolongada hasta el exceso, el sobreuso del fono móvil, el dormir hasta el mediodía. He aquí manifestaciones de aquella lacra que caracteriza al mundo “flaite”. En la jerga de Marx sería «la explotación de los padres por los hijos». La doctrina neoliberal multiplica hasta el infinito la oferta de escolaridad y entonces es muy fácil que el perezoso se convierta en alumno. Con ello el flojonazo se mimetiza.

Psicólogas noteamericanizadas avalan esa molicie en nombre del «respeto a la personalidad de los “lolos” (adolescentes), para evitarles trancas» (sic). En la otra ribera está Gabriela Mistral y Francisco Antonio Encina. Proponen una educación extirpadora de la inercia fatalista y de la languidez tórrida. La poetisa sentencia: «una fábrica educa más que una escuela» y el autor de “Nuestra inferioridad económica” urge por una educación para el trabajo que convierta las aulas en talleres.

(*) Centro de Estudios Chilenos- Cedech. Email: profe@cedech.cl Blog:

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