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Opinión

“Engringarse” a cualquier precio

07 Dec. 2016

“Engringarse” a cualquier precio
Pedro Godoy

Por: Pedro Godoy

SANTIAGO DE CHILE. El tema apasiona. Es una de las piedras fundacionales de una nueva política. Nuestras Izquierdas –por un siglo– son muy aficionadas al análisis jurídico, político, económico y algo al sociológico. Lo atingente a la plasmación de la etnia iberoamericana, es decir, de 500 millones de individuos que según define Bolívar «no son europeos ni indios, sino un pequeño género humano mixto» no interesa mayormente. Eran entonces y ahora el 90% de la población.

En la fase de la Independencia –los «avanzados»– se preocuparon de las minorías indígenas. Después propician aniquilarlas juzgándolas un lastre. En el XX –durante los años 30– vuelven con la indolatría y acorde a la política de las nacionalidades vigente en la Rusia de entonces, aluden, por ejemplo, a la «república quechua» o a la «república aimara».

Ahora los «nietos», «bisnietos» o «taranietos» de estos y aquellos »avanzados» del ayer remoto e intermedio retornan con el indigenismo. Esta vez con financiamiento europeo y norteamericano. Los inquietan las «minorías», sobre todo si son «raciales» o «sexuales» y también ambientalistas».

La «mayoría étnica», esos millones de hijos de este «mundo ancho y ajeno», se ignora. No está «en onda». La moda son indígenas y «maricas» e impedir el desarrollo pretextando la defensa del paisaje. En Chile hasta la palabra está en desuso. La emplean sólo los operarios de la construcción para aludir una vivienda con base de ladrillo y el resto madera.

Sin embargo, el hijo de inmigrante jamás es definido como mestizo. Sería denigrante. Tampoco al estilo estadounidense, por ejemplo, grecochileno, ítalochileno. Aquí el descastamiento es tan hondo que se recurre a dos estrategias: si el apellido inicial es el forastero se dirá «descendiente de…», verbi gracia, alemán o francés. Si el apellido materno es criollo se esconde bajo «7 llaves».

Aquí el eurocentrismo da cartel de título nobiliario a un apellido exótico. El de raíz nacional «no viste». La gente muy pobre –aquella que vive, convive y sobrevive en los barrios marginales- imposibilitados de disponer de apellidos europeos acude ante el Registro Civil con nombres «gringos» para sus retoños. Así es oceánica la muchedumbre de Johnatan y Karen. El afán es «engringarse» a cualquier precio.

La expresión mestizo es pletórica de contenido. Su significado define a «la mayoría étnica» –cabecitas negras, guachafos, cholos, flaites, pelaos…– son aquel «género humano mixto». Reitérese: «mixto» deriva de mixturado y no sólo designa un plantel escolar en el cual estudian damas y varones.

El pueblo iberoamericano –de Tierra del Fuego a Río Grande– es mestizo. Habrá grupos en que genéticamente predomina lo lusohispano y en otros lo aborígen y también, está lo africano. Eso se manifestará en el pigmento con las valoraciones socioculturales que implica. Sin embargo, como lo sostiene Rubén Blades «somos hijos de la mezcla», tema cuyo ideólogo fuera –a horcajadas del México insurgente de los 20– José Vasconcelos con la obra «Raza cósmica».

Nuestros mediocres docentes aluden al mestizaje, pero a título episódico al disertar sobre la mal llamada Colonia. De allí en adelante el vocablo, con toda su carga axiológica y política, cae en desuso. El tema no se agota con lo expuesto. Juzgo que nuestra ofensiva debe endilgarse a la Leyenda Negra que denigra a España y Portugal. Es la Península la que, por la naturaleza misma del proceso iberizador, fomenta el mestizaje.

(*) Centro de Estudios Chilenos_CEDECH. Email: Blog: http://premionacionaldeeducacion.blogspot.pe/