Es remediable la corrupción en la política

Por: Sergio Tapia

La partidocracia es sustituta de la democracia. Que, engendra connivencia, suscita subjetivismo, promociona intereses de grupo, abona la visión sectaria y predispone a imponer la injusticia. La partidocracia degrada porque prioriza el partido frente a la Nación, porque no promueve el bien común, porque inflama afán de poder y porque no está al servicio de la persona humana mediante las funciones de Estado. Ejemplo vil de partidocracia, en nuestros días, es la imposición de la ideología de género por el gobierno de PPK.

La partidocracia es estrechez mental; sólo ve, reconoce y censura la corrupción del oponente. Nunca la propia, ni la de los adláteres. Lo que socava las bases del orden político; caricaturiza y falsifica la democracia. Es ilegitimidad y delincuencia al gobernar, es mediocridad sin virtudes y es conducta pública maliciosa. Es servirse del poder.

Es indignante la deshonestidad de los políticos. Quienes nos perjudican con su mentira, inmoralidad y latrocinio. La deshonestidad campea en la política. La mentira es “la” conducta políticamente correcta. La inmoralidad es marca y sello en los políticos. Se apetece la política, para robar.

¿Hay que dar término a esta putrefacción de la política? Platón decía que la mediante la ley se educa al adulto. Recuperemos el valor de la ley para respetarla. Dar contenido a la ley para que tenga valor. Exigir que la ley consagre la realización del bien, y disponga que el mal sea evitado. La ley debe edificar al ciudadano por la virtud, y otorgar fuerza al político para que haga el bien y evite el mal.

Es indispensable exigir al político que discierna, sostenido por la ley natural y por la ley positiva legítima, para que elija con base en valores e ideales.

Cambiar la política, es cambiar el contenido de los políticos, dándoles sustancia a sus conciencias. Blog (colección artículos publicados en La Razón): http://sergiotapiatapia.blogspot.com/

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