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Opinión

Haya y la politología criolla (I)

01 Mar. 2017

Haya y la politología criolla (I)
Pedro Godoy P.

Por: Pedro Godoy P.

SANTIAGO DE CHILE.- “El Antimperialismo y el APRA” de Víctor Raúl Haya de la Torre es un clásico de nuestra politología. Cuando digo “nuestra”, obvio, aludo a Iberoamérica concebida como Patria Común. Constituye tal texto un desmentido rotundo a quienes, ubicados en la barricada herodiana, proclaman que padecemos de esterilidad doctrinaria. Tal denuncia la formulan para legitimar plagios de teorías exóticas y trasplante de experiencias forasteras. Estas –a veces- en las remotas patrias donde son engendradas, ya han sido superadas por la bullente realidad. Otra carga negativa es que contribuyen a vulnerar el ethos nativo acentuando un proceso desnacionalizador que favorece la penetración imperialista.

La obra brilla con luz propia pese a los virajes del autor y las volteretas de quien hoy se proclama discípulo y fuera Presidente del Perú. Pocas veces un volumen reducido en páginas contiene tan alto número de enfoques originales, de interpretaciones lúcidas y anticipaciones atrevidas. Se publica en Santiago de Chile en 1936. Hasta entonces la nación iberoamericana carecía de una teoría orgánica de la unidad de la veintena de repúblicas provincianas. Estas –como se sabe- la miopía de las oligarquías lugareñas y la codicia metropolitana las precipitan al desmembramiento, la pobreza y la desidentificación. El autor rescata el programa de los libertadores y proporciona textura de militancia a las intuiciones de José Vasconcelos y a las precursoras tesis de Manuel Ugarte así como a la insurgencia reformista de la Universidad Nacional de Córdoba.

Hay quienes juzgan añejo el texto. Estiman que 1936 es el paleolítico. Estiman pasados de moda incluso a Laski, Popper y Marcuse. Habrá que extirparles el snobismo manifestándoles que “La República” de Platón es del siglo V a C, Tomás de Aquino teoriza en el XIII, Maquiavelo en el XVI, Smith en el XVIII. Marx en el XIX, igual que León XIII. Son los mismos que pese a proclamarse “tomistas” o “neotomistas”, “nacionalistas”, “liberales”, “marxistas” o “socialcristianos” estiman que Bolívar es sólo un militar. Como tal incapaz de generar doctrina política. Posee dos factores adversos: uno, es personaje del ayer y no “moderno”. Eso se disculpa sólo a los “clásicos” anotados porque son europeos y, por ende, inmortales. El otro, es venezolano y la politología para los cipayos sólo florece en el Viejo Mundo y será siempre, para el Nuevo, artículo importado.

“El antimperialismo y el APRA” es vivero fecundo de ideas y actitudes desplazadas a través de canales diversos. Es cierto que su autor animó la iniciativa de constituir Partidos Apristas en cada república. En los 30 se organiza el APRA cubano cuyo órgano de expresión es la revista “Atuey”, en Chile influye sobre el PS a través de Eugenio Matte Hurtado y también se funda el APRA argentino. Sin embargo, –por motivos que se ignoran- Haya y su entourage opta por vigorizar sólo el Partido Aprista Peruano. Las tácticas para alcanzar el poder van de la revolución popular al complot castrense pasando por procesos electorales en que siempre la oligarquía le birla la victoria. Con Alan García llega a Casa de Pizarro, pero ya es una caricatura. Un abismo separa a Gorbachof de Lenín, a Chiang Kai Shek de Sun Yan Sen. Igual ocurre entre Víctor Raúl y el Alan de hoy. (Continúa).