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Opinión

Hipocresía política

28 Nov. 2017

Hipocresía política

Por: Carlos Linares Huaringa

Las declaraciones de los delatores brasileños Jorge Barata y Valdemir Garreta a los fiscales cariocas han sido como un misil para la izquierda caviar peruana.

La confirmación de que la propia exalcadesa de Lima solicitó US$3 millones de dólares a Odebrecht para la campaña del No a la revocatoria, ha echado por tierra ese falso discurso moralino con el que trató de embaucar a la ciudadanía.

A la par ha puesto en evidencia la hipocresía política con la que se condujeron ella y sus acólitos, aquellos que desde una autoproclamada superioridad moral se dedicaron a cuestionar a todos los que no pensaban como ellos.

Es curioso ver cómo ahora han desaparecido todos esos ‘indignados’ que, frente a cualquier situación que involucrara al fujimorismo, aprismo, castañedismo u otra tendencia con la que no comulgaban, salían a las calles a lavar banderas y a marchar con las manos pintadas de blanco.

Su actual silencio solo confirma el doble discurso con el que actuaron y actúan. Apelar ahora a que nunca se dieron cuenta de la millonaria campaña que se desplegó para mantener en el cargo a Villarán, pese a que en su momento diversos medios de comunicación lo denunciaron, es querer tomar por tontos, una vez más, a los ciudadanos.

Hoy todos quieren zafar el cuerpo y hacerse a los desentendidos. Saben que el tema no es solo ético.

Ayer durante la sustentación del pedido de impedimento de salida del país de Villarán, la Fiscalía señaló que existe información suficiente que acredita la comisión del delito de lavado de activos y de cohecho propio. Esta aseveración nos puede dar una idea de que en breve, podremos ver a la exalcadesa seguirle los pasos a Nadine Heredia.

Respecto a aquellos artistas, periodistas y políticos que ahora dicen haber pecado de ingenuidad y aseguran estar decepcionados, debemos calificarlos como lo que son: farsantes.

Un grupo de farsantes al que no le importó el sospechoso origen de los recursos que financiaron la campaña del No, la contratación de Luis Favre o el despliegue mediático de los brazos cruzados, con tal de mantener en la alcaldía a quien veían afín a su ideología política.

Está claro que la situación de Villarán no minimiza los casos de Keiko, Alan, PPK, Toledo y Humala, pero que ahora no vengan a hacerse los sorprendidos o a rasgarse las vestiduras quienes siempre estuvieron cómodos con lo que el oscuro financiamiento brasileño les permitió.