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Opinión

Indulto: Segunda fase

28 Jun. 2017

Indulto: Segunda fase
Martín Belaunde Moreyra

Por: Martín Belaunde Moreyra

No sé quien le sopló al oído al Presidente Kuczynski para que volviera a mencionar el indulto de Fujimori, pero el consejo le valió que doña Keiko le retrucara que hable menos y actúe de una vez por todas. Hemos llegado a un punto en el cual su indulto debe decidirse en el sentido que fuera, o callar para siempre. El más elemental análisis señala que debe otorgarlo por razones de Estado y también, ¿por qué no decirlo? por razones humanitarias y de obvia equidad jurídica. Si algunas terrucas de clase media o alta, convictas y confesas, pronto saldrán libres luego de cumplir su condena de 25 años, ¿por qué no Fujimori que cumplió el rol decisivo de ponerlas entre rejas para alivio del Perú?.

Jamás he sido fujimorista y muy probablemente nunca lo seré por diferencias temperamentales, ideológicas y psicológicas. Siempre creí, por lo menos desde el 5 de abril de 1992, que Alberto Fujimori manipuló ciertos sentimientos básicos del pueblo peruano de vivir en paz y progresar y lo hizo con el apoyo “invalorable” de Montesinos, de quien se distanció en la hora undécima. Sabe Dios si en la penumbra de la prisión el segundo y desde Barbadillo el primero, se han vuelto a reconciliar como algunos sostienen por ciertos guiños que se hicieron en una audiencia judicial. Pero sea lo que fuere, ha llegado el momento de que Alberto Fujimori salga libre y se enfrente al juicio ciudadano de la calle, adverso o favorable.

Definitivamente no creo que Fujimori sufra de ninguna enfermedad mortal, más allá de los años y de la depresión que le pueda dar el hotel carcelario donde reside, pero cárcel al fin y al cabo, aunque fuere con la mejor atención médica del mundo. Me parece que es hora que el gobierno de turno se libere de esa pesada responsabilidad y la transfiera al seno de su amorosa familia. Como dije en una columna de este diario “el indulto no debe ser la antesala de la tumba”. Hay un derecho inexorable a vivir la vida en libertad, salvo que se trate de un monstruo demoníaco, cosa que Fujimori no es, por mucho que los caviares lo pinten así. En realidad, políticamente Alberto Fujimori fue un hombre con gran sentido de la oportunidad y además oportunista, ¿pero qué político no lo es? Hay que darle al indulto el sentido primigenio que le otorga el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, Vigésima Primera Edición, “gracia o privilegio concedida a uno para que pueda hacer lo que sin él no podría”.

A ese indulto me refiero, pero se debe hacer bien legalmente. Para ello es fundamental derogar el artículo 2 de la Ley 28760 y cuanta norma legal o reglamentaria se anteponga en el camino. Y no vengan con la monserga que cometió delitos de lesa humanidad, porque en la década del 90 esa categoría penal no existía en ninguna parte del mundo salvo Bosnia y Ruanda por mandato del Consejo de Seguridad de la ONU. Su condena a 25 años, así no fuere nula, está deslegitimada por la forma en que se gestó. Fuerza Popular y sus aliados desde el Congreso tienen la palabra. Amen.

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