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Opinión

La corrupción, un problema irresoluto

14 Mar. 2017

La corrupción, un problema irresoluto
Alter B. Himelfarb W.

Por Alter B. Himelfarb W.

Un problema –hasta el día de hoy, irresoluto- que siempre se ha mirado de soslayo, como si fuera un “mal menor”, es el de la corrupción. Ha existido por decirlo de algún, manera, “desde siempre”.
Pero hoy, cuando usando otra frase de cajón, “los que tienen, tienen cada vez más y los que no tienen, cada vez tienen menos”, la humanidad entera, podríamos decir sin exagerar, adolece de ese cáncer, de ese flagelo, de esa plaga.

¿Dónde radica el problema? Respuesta: Radica en la responsabilidad, en la honestidad de aquellas personas que a su turno, forman parte de los poderes de cada país, o sea, los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial y en el “poder* de quienes pertenecen a los gremios económicos. Pero principalmente, la responsabilidad –a través de un simple análisis- recae sobre los primeros 3 poderes mencionados.

Traigo a colación, el siguiente fragmento del poema de Sor Juana Inés de la Cruz, “Hombres Necios que Acusáis”:
“¿O cuál es más de culpar / aunque cualquiera mal haga:/ la que peca por la paga o / el que peca por pagar?”
De manera que interpolando a nuestro ámbito dicho mensaje, preguntaríamos, ¿quién es más de culpar, si el que propone el soborno, o el que lo acepta o lo busca?”. Obviamente que las acciones de “Sobornar y/o ser sobornado”, tienen cada una, su porcentaje de corrupción ante la Ley.

Usando otra de ésas frases trajinadas, “Proponer no es obligar”, la responsabilidad definitivamente es de quien acepta el soborno. Una compañía, puede ofrecer soborno y él o los empleados oficiales pueden negarse a ello.
Hay casos, por ejemplo, especialmente en el área de los “permisos de construcción”, donde los que someten los planos a aprobación, (arquitectos o ingenieros o maestros de obra), saben de antemano que para que se los aprueben tienen que pasar una cuota, “por debajo de la mesa”.

Y llegamos al punto “summum” de la ecuación, cuando una empresa como Odebrecht, ha dejado ver la miseria moral y la corrupción total de cantidad de países latinoamericanos, en esto de las licitaciones.
Una empresa como Odebrecht debería desaparecer del mercado, una vez denuncie todos los “convenios” oscuros y una vez quede a Paz y Salvo con la Justicia de cada país. A las personas a cargo, en los diferentes países, donde éste putrefacto monstruo del cohecho y de la perversión ha hecho estragos y ha realizado una carnicería comercial en la moralidad de cada país, prohibirles, además, de por vida establecer cualquier tipo de negocio. Una especie de ”cadena perpetua” y estar vetado para cualquier operación comercial.

Igualmente para los funcionarios oficiales que fueron entes activos y/o pasivos en ésta orgía de las Licitaciones gubernamentales: Nunca más en su vida, podrían participar en cargos oficiales.

Los miles de millones de dólares con que han sobornado a todo un continente, son recursos que le robaron a la población, para la construcción de entes educativos –jardines infantiles, colegios, parques deportivos, aumento de llanta de profesores, entes de salud (clínicas, vacunaciones masivas, ayudas en Remedios a muy bajo costo, mejorar la planta de médicos, aumentar cupos en la Universidades para estudios de medicina, etc., entes de vivienda para mejorar y facilitar la posibilidad que más ciudadanos de bajos ingresos puedan acceder a una vivienda digna, a un techo que les de paz y tranquilidad a la gente necesitada.

La “empresa privada” como tal, no tiene responsabilidad en todo éste desequilibrio moral y social que viven nuestros países latinoamericanos. Esa ha sido la equivocación de todos esos movimientos, como las Farc, ELN, Sendero Luminoso y otros más, que nunca vieron que la principal causa del subdesarrollo, ha radicado en la inmunda, asquerosa y repugnante acción de los empleados oficiales deshonestos e inmorales, quienes son los que verdaderamente le quitan al pueblo, el pan de la boca, su educación, su salud y su vivienda.

Hay que evitar, que estos bribones consigan penas laxas, para que pasados unos pocos años, comiencen a disfrutar de la fortuna mal habida.

Con el primer condenado a la Pena Capital por éste saqueo, del presente y de la generación futura, probablemente las finanzas de los estados comenzarían a mejorar. De otra manera JAMÁS se podrá erradicar la deshonestidad oficial.
(*) Miembro A.I.E.L.C.