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Opinión

La detención es una medida excepcional

10 Jun. 2017

La detención es una medida excepcional
Francisco Chirinos Soto

Por: Francisco Chirinos Soto

La consabida gritería de abogados y periodistas se ha producido a partir de la decisión asumida por la Sala Penal de Apelaciones en el caso del Gobernador Regional del Callao, Félix Moreno. Los magistrados superiores, al conocer en apelación el auto que dispuso el internamiento de Moreno en un centro penitenciario, encontró que no había suficientes elementos de juicio que dieran apoyo a una medida excepcional, como es la privación de la libertad de una persona antes de ser sometida a juicio bajo una o varias imputaciones penales. Pongo énfasis en que la detención preliminar tiene carácter de excepcional, porque así es y así lo quiere la ley.

Lamentablemente, hay jueces, abogados y periodistas que no quieren entender esta situación y creen que las detenciones preliminares pueden distribuirse como volantes de circo. Al respecto, el Código Procesal Penal fija puntualmente los requisitos indispensables que pueden permitir al juez penal dictar un mandato de detención. Hablamos de la prisión preventiva dentro del proceso penal ya abierto o iniciado, previa denuncia del Ministerio Público. Para que el juez penal pueda acceder a la solicitud del fiscal, en el sentido de dictar mandato de detención preventiva, deben estar satisfechos tres requisitos esenciales.

El primero de ellos consiste en que “existan fundados y graves elementos de convicción para estimar razonablemente la comisión de un delito…”. El segundo es que la sanción prevista por la ley sea superior a los cuatro años y el tercero es que, por sus antecedentes “y otras circunstancias” el imputado haga temer que fugará u obstruirá la actividad jurisdiccional. Estos tres elementos han de concurrir copulativamente. Si falta uno de ellos, sobre todo el primero, no es posible que el juez expida mandamiento de prisión para el inculpado.

La defensa del señor Félix Moreno ha de haber acreditado ante la Sala Penal que los elementos incriminatorios contra su cliente no tienen la suficiencia necesaria como para sustentar el mandamiento de prisión y los magistrados han resuelto el incidente como lo han hecho, o sea disponiendo la libertad del señor Moreno, para que éste permanezca en el proceso en esa condición y no en la de detenido. Aunque no conozco los autos, así tengo la certeza de que ha ocurrido. Los jueces entienden que nos son fabricantes de mandamientos de prisión al antojo de denunciantes furibundos o de periodistas apasionados.

La resolución que ordena la libertad de Moreno no es, ni remotamente, una sentencia absolutoria. Ella vendrá, si corresponde que venga, en el momento procesal respectivo. El proceso continúa y Moreno lo habrá de enfrentar como inculpado libre, sometido a las reglas de conducta que le hayan impuesto los jueces.
No podemos dejar de apreciar el celo que ha puesto el legislador en la elaboración de esta normatividad sobre prisión preventiva. Se percibe un meritorio afán de evitar la pérdida de la libertad antes de juicio en la mayor cantidad de casos posibles. Entonces, pues, la regla es la libertad y la excepción es la prisión preventiva. No es, ni remotamente, al revés, en que hay jueces que acceden sin mayor reflexión y sin suficientes elementos de prueba a la solicitud que pueda formular un fiscal en orden a que el inculpado enfrente el juicio respectivo tras las rejas.

Políticos intemperantes han llegado al extremo de insultar a los magistrados que dispusieron la libertad de Moreno y, a través de ellos, a la función jurisdiccional en su conjunto. Eso está muy mal. La magistratura merece respeto para poder conducirse al margen de presiones abusivas, lo que no significa por cierto que no pueda existir un derecho de sana crítica al desempeño público de jueces y fiscales.