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El diario de todos los peruanos
Opinión

La disciplina en los partidos políticos

02 Oct. 2017

La disciplina en los  partidos políticos

Por: Juan Sotomayor

En los últimos meses, hemos sido testigos de varios casos de conflictos al interior de los partidos políticos representados en el Congreso de la República, los mismos que han generado procesos disciplinarios, sanciones, expulsiones e incluso la conformación de una nueva bancada como la de Nuevo Perú.

También fuimos testigos del debate originado por la sentencia del Tribunal Constitucional que declaró la inconstitucionalidad parcial de la llamada Ley Anti Tránsfugas, y la inmediata reacción del Congreso que aprobó la modificación de su Reglamento, mediante la Ley de Bancada Mixta. Todo un enjambre de situaciones ajenas e ininteligibles para la gran mayoría de los ciudadanos, pero que en concreto sólo contribuyen a desprestigiar a la clase política, a los partidos, al Congreso y al sistema democrático en general. Sobre este tema que cada cierto tiempo cobra actualidad, quisiera compartir con ustedes algunas ideas y reflexiones básicas.

En principio, considero queel sistema político peruano requiere de partidos sólidos, que contribuyan a la institucionalidad democrática. Gran parte de esa solidez requiere que los políticos peruanos se acostumbren a ventilar sus discrepancias al interior de sus partidos, no ante los medios de comunicación o redes sociales; es una cuestión de criterio, sentido común y lealtad a la agrupación a la cual pertenecen. Es cierto que toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia, de pensamiento y de expresión y que por mandato constitucional los congresistas no están sujetos a mandato imperativo, pero eso no debe confundirse con un libertinaje extremo. Toda persona que se afilia voluntariamente a un partido, debe ser consciente que se adhiere también voluntariamente a sus principios, prioridades y reglamentos internos, los cuales no puede desconocer caprichosamente amparándose en su libertad. Por último, cualquier discrepancia debe afrontarse con diálogo, serenidad y madurez, cualidades que todavía parecen escasear entre nuestros políticos.

No es casualidad que en la más reciente encuesta sobre la confianza que inspiran las instituciones, los partidos políticos se encuentren en el último lugar con un preocupante 78% de ciudadanos que no confían en ellos. Es evidente que la indisciplina, las pugnas internas y los casos de transfuguismo tienen mucho que ver con esta percepción casi generalizada. La llamada de atención está hecha para todos. Es hora de cambiar actitudes, por el bien de los propios partidos y, en consecuencia, de la democracia en general.