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Opinión

La Judeca del Poder Judicial

09 Feb. 2017

La Judeca del Poder Judicial
Jorgue Rochabrunt

Por: Jorge Rochabrunt Gamarra

El juez de la corte suprema Duberlí Rodríguez Tineo, actualmente presidente del Poder Judicial quien se sabe es un hombre honesto de conducta ética profesional y docente no discutida, marxista leninista o al menos un izquierdista que cree en la justicia social, con antecedentes de ser dueño de una elocuencia inflamada y fosfórica que alborotó aulas y calles, que revoloteó Patria Roja y el ex Frente UNIR y que purgó alguna vez cárcel por sus ideas, ha dicho que quiere liderar nuevamente una gran reforma judicial bajo el enfoque de una gran modernización y que el problema del Poder Judicial que preside, no es la corrupción sino la sobrecarga procesal y la lentitud.

Don Duberlí ha inaugurado el mandato 115 entre las presidencias de Corte Suprema que se cuentan desde 1825. Así que, seguramente, no habrá nada de diferente que achacarle con las 114 anteriores ni con los futuros presidentes judiciales. Lo que no se ha podido mejorar en casi doscientos años de un sistema de administración de justicia de espaldas a la historia del Perú, no vamos a exigirle al magistrado líder actual, que lo haga. Comenzando que el señor piensa, que el principal problema del Poder Judicial, no es la corrupción (carita de sonrisa)

¿Cómo que el principal problema no es la corrupción?

Cuando detallo su perfil ideológico-político, no lo hago con sorna o sospecha. Lo hago para que entendamos que probablemente, el señor está marcando alguna diferencia de entre esos 114 predecesores sin lugar a dudas. Porque digamos, quienes algo conocemos del sistema judicial sabemos que es posible catalogar en segmentos bien diferenciados a la magistratura. Primero, hagamos una diferencia entre corruptos y no corruptos. Donde hay probablemente un claro Pareto entre corruptos y no corruptos, donde los más, mucho más, son los corruptos. Luego un segmento entre los ilustrados y los mediocres. Donde nuevamente el Pareto está entre muchísimos mediocres y muy pocos sobresalientes.

Luego, otro Pareto entre los que sienten la flama de la justicia social quemando en su pecho, en su espíritu y los que tienen una indiferencia supina, una costra insensata en el alma a quienes les importa un carajo la justicia social. Luego tenemos a los absolutamente reaccionarios, con visiones de corregidor colonial, frente a los muy pocos que tienen una idea de reforma ideológica y conceptual de modernización de la justicia; y por último, a los éticos con signos exteriores de pobreza, y los amorales con signos exteriores de riqueza y miseria.

La pregunta es, si el grupo de corruptos-mediocres-indiferentes-reaccionarios-centralistas son los que dominan frente a los éticos-sobresalientes-comprometidos-reformistas-descentralistas, en una proporción de 10 a 1, entonces la pregunta es ¿Cómo demonios nuestro presidente del Poder Judicial quiere resolver los problemas de la administración de justicia con el expediente electrónico (ya había un proyecto de ese tipo hace una década, que no sirvió de nada) y cree que ahorrar 4 millones de soles en papel y 18 millones en tinta (que eso hay que hacerlo sin tanta grandilocuencia, es un mínimo estándar de eficiencia) es lo que va a mejorar el problema de la justicia social, de la tutela jurisdiccional efectiva ante la ley?

Es cierto que hay gente moral-ética-brillante-buena en el Poder Judicial, pero son decenas frente a miles. Y esos pocos, igual viven o son parte de un círculo de falta de visión de justicia social y que repiten los rollos de la majestad del Poder Judicial como si fuera realmente majestuoso. Entonces, quienes propugnan que los propios jueces se reformen, o que los reformen los otros poderes, o que la sociedad civil la reforme… ninguno de ellos, debiera ser todos a la vez.

¿Cómo quieres hacer una reforma de cultura organizacional y de modelo jurisdiccional con 500 que se salvan arrastrando a los otros 10,500? ¿Y si el cáncer está en todas las instancias? No tengo respuesta obviamente, pero con esa posición de don Duberly, es como si estos dos años, el sillón de presidente del Poder Judicial estuviese vacío y su poder del Estado, cayendo en su cuarta fosa del noveno círculo, la horrible Judeca.