La mala comunicación III

Por: Jorge Rochabrunt Gamarra

Odebrecht Perú nunca ha realizado donaciones ni entrega indebida de dinero a partidos políticos o autoridad pública (23.02.2016) Un tiempo después:

Odebrecht reconoce que participó en prácticas impropias en su actividad empresarial…Fue un gran error, una violación de nuestros propios principios, una agresión a valores consagrados de honestidad y ética… No admitiremos que se repita… Por eso, Odebrecht pide disculpas, inclusive por no haber tomado antes esta iniciativa (01.12.2016)

Extractos de comunicados que aun aparecen en el website de Odebrecht Perú y Brasil. Estas pocas 67 palabras escritas en un lapso de nueve meses, dan cuenta del más escabroso y rutilante caso de fraude empresarial y político de la historia moderna en América Latina. De la mentira impune que transita hacia los eufemismos corporativos para explicar la bancarrota moral de un imperio empresarial. De la mentira a tajo abierto a otra mentira contada con vericuetos de honestidad. Malas acciones engendran una mala comunicación. Y la única comunicación que realmente sirve, es aquella que se produce con y desde la verdad.

Algo que podemos extraer de esos mensajes, es que seguramente si buscamos en las comunicaciones de los políticos de la última elección general de 2016, incluyendo a PPK y KF, es que innumerables veces encontraremos estos vaivenes entre verdad y mentira, entre cierto y falso. Entre claro y oscuro. Acuña, Guzmán, Lourdes, todos. La verdad no es un capital de la política y tampoco de la gestión pública en Perú. Todos se preocupan por la imagen pero la identidad real es el resultado de la conducta. Eres lo que eres y dices lo que eres. Cualquier variación es un tema de imagen, de lo contrario es tu identidad. Allí encontramos un primer propósito de la comunicación o quizás el único que realmente importa en adelante: la verdad. Y si estos propósitos están destinados a las conductas concretas, entonces un gran propósito en la comunicación es que se centre en la honestidad y la transparencia.

Sabes amigos, mientras me propuse escribir sobre este tema hace tres semanas, ocurrió el escándalo público Odebrecht. Pero la verdad, creo que lo más escandaloso es que todos lo sabíamos y ahora comentamos con esa voz cojuda de la sorpresa. Todos teníamos una claridad absoluta de esta corrupción como de muchas otras que arrastramos. Pero al no decir nada al respecto, al callar, la sociedad peruana otorgó. Todos otorgamos y somos cómplices. No hay más propósito hoy más importante para la política y la comunicación en la política, que la verdad. Y no solo se trata del caso Odebrecht. Se trata de instalar la verdad como sentido común y único válido para darle viabilidad política al desarrollo del país.

La verdad en manos del gobierno, de Fuerza Popular, de las otras fuerzas políticas, de los medios de comunicación, sería el único y más claro sentido de una comunicación destinada a aportar desarrollo y una única conducta que tiene valor suficiente para cambiarlo todo: honestidad. Mientras tanto, la imagen seguirá dominando la vida pública y de todos los políticos, empresarios, dirigentes sociales, como una burda historia sin fin, donde la comunicación no aporta absolutamente nada, más que cortinas de humo y muros infranqueables entre la verdad real y la verdad “legal” de la política. Sin la verdad, todo lo que podamos decir y teorizar, no es más que palabras y estiércol. Sin honestidad, la comunicación no vale nada, más que un buen spot o un buen lema colmado de mentiras o falsedades. La comunicación solo es tal, si lleva verdad como principio y honestidad como conducta. A ver, mírate, ¿cumples con lo necesario para impulsar este propósito? Yo no cumplo aun, no todo lo que debiera. Te invito a que te lo digas frente al espejo y después nos vemos en la cancha, intentando hacer lo correcto en la política y en la comunicación.

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