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Opinión

La teoría de las “ventanas rotas” y el peligroso New York de los 80s

19 Aug. 2017

La teoría de las “ventanas rotas” y el peligroso New York de los 80s

Por: Alfredo Lozada Bonilla

A finales de los 60s el psicólogo Philip Zimbardo realizó un muy interesante experimento dentro de sus estudios del comportamiento humano. Consistió en estacionar dos autos viejos con el capot abierto y la llanta baja en distintas calles de New York, el auto “A” en una zona pobre y el “B” en una calle de un barrio acomodado.
En menos de una hora el vehículo “A” había sufrido considerable saqueo y poco tiempo después fue presa del vandalismo. Por el contrario, el auto “B” estaba en el mismo estado en que fue aparcado, alguien había cerrado el capot para que no se afecte por la lluvia.

El análisis momentáneo vinculaba a la pobreza y marginación con la delincuencia y vandalismo. Zimbardo dudaba de esa obvia conclusión resultante y agregó otra variable, rompió las ventanas del auto “B”.
El producto de ello fue que en pocos días el auto de la zona rica terminó tan dañado como su compañero de experimento.
Estos estudios dieron pie a que en los 80s James Wilson y George Kelling planteen “La Teoría de las Ventanas Rotas”, proponiendo una nueva estrategia para la lucha contra la altísima tasa delincuencial del New York de ese momento, muy superior a la de otros estados de la unión americana. Señalaban que la mejor manera de hacerlo era concentrarse en los actos de desorden anteriores.

Decían que si la ventana rota de un edificio no se repara, se notará el abandono, los vándalos romperán unas cuantas más, si sigue así seguramente llenaran de grafiti el lugar y al poco tiempo lo saquearan y terminaría de guarida para actos negativos.

Si se acumula un poco de basura en una esquina, pronto habrá más basura y así con el tiempo será un botadero y la zona se verá severamente afectada.

Si una comunidad presenta signos de deterioro y vecinos y autoridades no se preocupan, posiblemente el resultado sea vandalismo y delincuencia en esa comunidad.

Las acciones negativas por pequeñas que pudieran parecer en un inicio, son germen de otras peores, pues denotan que a nadie le importa y nadie es responsable de nada.

La causa de la delincuencia no residía entonces en la pobreza, sino en el abandono y el descuido que transmite desinterés y despreocupación, tanto del estado de las cosas, de nuestra comunidad, como el descuido de los propios seres humanos. Todo ello hace sentir ausencia de control y de ley, llevando al caos que produce inseguridad y temor.
Los problemas deben de ser resueltos cuando son pequeños.

Continúa la próxima semana.
(*) Abogado, Master en acción política, especialista en gestión pública.