logo La Razón
El diario de todos los peruanos
Opinión

La teoría de las “ventanas rotas” y la peligrosa New York de los 80s – II

26 Aug. 2017

La teoría de las “ventanas rotas” y la peligrosa New York de los 80s – II

Por: Alfredo Lozada Bonilla

La ciudad de la gran manzana era, en los 70s y hasta los 90s, la ciudad del caos. Desordenada, tomada por los traficantes de drogas y otros delincuentes, paraíso del vandalismo. Ubicaba de largo el primer lugar de criminalidad de toda la unión americana. Esta época fue retratada en muchas películas de Hollywood, como Means Streets o Taxi Driver, ambas de Marín Scorsese.

La teoría de las ventanas rotas había sido demostrada, el ser permisivos con pequeños actos vandálicos y delincuenciales, llevo al descontrol total. Así, la deteriorada New York de esas décadas, era resultado de la falta de autoridad.
Como no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista, los neoyorkinos dijeron “basta ya”, y se pusieron manos a la obra. El Partido Republicano ganó las elecciones con Rudolph Giuliani, luego de un predominio de décadas del partido demócrata.

Giuliani, el gran reformador de la ciudad, Implementó “tolerancia cero” y “calidad de vida”, que enmarcaron un gran número de reformas estructurales y acciones concretas.

New York le declaró la guerra a la delincuencia y al vandalismo. Se aplicaron las normas escitas, las leyes se hacían cumplir o se castigaba su incumplimiento.

En 1994, William Bratton el del famoso informe Bratton, que estará en algún empolvado estante de la Municipalidad de Lima fue nombrado por Giuliani como Jefe del Departamento de la Policía.
Los cambios fueron radicales, no se permitía que ningún delito, por pequeño que este fuera, dejara de recibir el castigo que le correspondía, se limpió la corrupción de la policía, se persiguió el consumo y tráfico de drogas- para Bratton, el gran problema de toda ciudad- y se construyeron nuevas cárceles, donde sus inquilinos se reformaban con trabajo y esfuerzo.

El metro de New York, demostración del grafiti pandillero y la suciedad, fue limpiado vagón por vagón, estación por estación, lo ‘grafiteaban’ y se volvía a limpiar, este proceso tomó varios años, hasta que el orden se impuso al vandalismo. Fue un símbolo del proceso de regeneración.

Se comenzó a sancionar a los que evadían el pago del metro que era algo usual o al que bebía licor u orinaba en la calle, las norma se tenían que cumplir. La ciudad importaba, se tenía autoridad.

Permitir que se rompan ventanas, ‘grafiteen’ las calles o se deje la basura tirada, generará más transgresiones; un poco de pandillaje generará un grupo de delincuentes; el consumo y tráfico de drogas, un país de mafias; un poquito de corrupción, autoridades corruptas y pobreza. Sin principio de autoridad y mano blandengue, seguiremos siendo el paraíso de la delincuencia y el caos.

(*) Abogado, master en acción política, especialista en gestión pública.