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El diario de todos los peruanos
Opinión

Los dueños de la ciudad

31 Aug. 2017

Los dueños de la ciudad

Por: Eduardo Farah

Nosotros los padres de familia hemos visto con asombro como los maestros, los educadores de nuestra niñez y juventud siguen gritando, insultando en las calles y enfrentándose a la policía.

El uso de la fuerza y del insulto no lleva absolutamente a nada y lo único que hacen es que el ejemplo que proyectan da mucho que pensar y que decir ante el alumno.

El alumno ante estas actitudes dice “si mis profesores lo hacen, porque yo no lo voy a hacer “; cuando la reacción de los maestros debería ser la conversación y en caso no llegaran a ningún acuerdo dejarían de asistir al trabajo pero sin hacer escándalo, generando un espectáculo inmerecido ante la ciudadanía.

Con esta actitud, ellos no sólo amenazan el año escolar de muchos de los alumnos, sino que también los privan del desayuno escolar que les da Qali Warma y en algunos casos del almuerzo y comida para los que asisten a la escuela nocturna.

El Sr. Pedro Castillo debería dedicarse al arte dramático porque se tiró al suelo cuando le gritaron “tírate “, pero que no es tan bueno como actor.

Que diferencia a los tiempos en que yo estudiaba, también habían reclamos estudiantiles, también estaban los búfalos, pero había mucho más respeto por los ciudadanos y por el país y no habían muchos actores como los hay hoy en día y se priorizaban las horas de clase de los jóvenes sin atentar contra el desarrollo del futuro de los jóvenes.

Si nosotros mostramos las imágenes de la televisión de los desmanes ocasionados por los que dicen que son maestros y que lo único que pueden enseñar es violencia y falta de respeto; todos podrán decir que se trata de una trifulca callejera, menos un reclamo sobre el futuro de la educación de los que enseñan a la reserva moral de nuestro país como son los jóvenes.

El gobierno con buen tino ha especificado que los reclamos han sido satisfechos y si los maestros no quieren ser evaluados para proseguir con la carrera; los niños perderán el año, pero peor es pasar un año sin saber nada que hacer dos en uno pero aprendiendo mucho; esperemos que la razón impere y las posturas políticas pierdan el poder del teatro.