No conozco ningún gigante dormido

Por: Néstor Scamarone

Hace más de 70/90 años que el «gigante dormido» superó su letargo. Cuando termine de despertar “completamente”, capaz China sea la única que se instituirá como fiel de la balanza planetaria y nos va a dejar estupefactos: ya dejó chicos al milagro alemán, al japonés, al irlandés, al español, al de los dragones del Pacífico, a los tigres de la Malasia, a la Comunidad Europea, Rusia y a los EEUU con su patético Trump. Dice una última noticia, que la diócesis de Lyon ha repartido hace dos meses entre sus fieles medio millón de ejemplares del Nuevo Testamento y los Salmos, para festejar el aniversario del dogma de la Inmaculada Concepción. Esas biblias han sido impresas en China, en los talleres donde se imprimía hasta hace poco el «Libro Rojo» de Mao, y salen a la tercera parte del precio que en la ciudad de destino.

Con cerca de 1,300 millones de habitantes y un crecimiento anual del PBI superior al 9/11 por ciento, China, en la OMC es ya la segunda o tercera economía más grande del mundo. A partir de 2021 suponen los expertos, superará a Estados Unidos y se convertirá quizás en la primera potencia económica del mundo, lo que tendrá consecuencias políticas fundamentales y trascendentes en el desarrollo socio-económico, tecnológico y filosófico de la humanidad. China no es sólo una potencia exportadora. El año pasado fue el segundo comprador mundial de petróleo, después de Estados Unidos, y el primero de cemento, con el 55 % de la producción mundial, el 40 % del carbón, el 25 % del acero y de níquel y el 14% del aluminio. Esas importaciones masivas hacen bascular los precios en todos los mercados, especialmente los del petróleo, y han provocado una crisis geoestratégica mundial, añadida a los problemas de seguridad de los países. En su despertar económico ha reducido los tipos de interés y va a liberalizar parcialmente el cambio de su moneda y capaz la regula hacía abajo. Viene invirtiendo masivamente en países extranjeros y tiene tratados y convenios de libre comercio firmados con casi todos los países del planeta. Si seguimos creyendo que China se limita a fabricar poco más que baratijas, que existe una gigantesca extrema pobreza y las remuneraciones son de hambre y que no hay que tomarla en serio hasta que abandone totalmente el yugo totalitarista, llegará muy pronto el día en que los nietos de Mao serán los primeros consumidores cómodos del mundo y nosotros seguiremos entre los treinta últimos del planeta. Las compañías multinacionales están felices con China porque, irónicamente, este país comunista está abrazando el capitalismo con una pasión increíble y un gusto por el Champagne y los Rolls Royce.

En las ciudades crece el bienestar aceleradamente, pero en el campo donde todavía hay pobreza, existen 500 millones de personas que deben vivir con un ingreso que es un 40/60 % de lo que se gana en las ciudades; sin embargo, esta cifra crece de 3 a 4 por ciento anual, porque la agricultura se vuelve más eficiente en tecnología y biogenética y sus exportaciones agroindustriales crecen geométricamente, con ello pueden subir los salarios y por otra parte, la importación de productos agrarios baratos, no acorrala a los productos domésticos.

China pronto hará bueno el minicuento de una sola línea del guatemalteco Augusto Monterroso: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí» considerado como el relato más breve de la literatura universal.

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