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El diario de todos los peruanos
Opinión

Patria Grande sí, Insularidad No (I)

19 Jul. 2017

Patria Grande sí, Insularidad No (I)

Historiografía revisionista

Por: Pedro Godoy P.

SANTIAGO DE CHILE.- Se indaga y enseña, de modo habitual, nuestra historia arrancando de la Independencia. Atrás quedan los tres siglos de la mal denominada “Colonia”, descrita como opresiva y oscura. La época indígena se lapida como “Prehistoria”. Se acata dicho marbete, aunque se aprende que tan dilatado lapso “comienza con la aparición del hombre y finaliza con la invención de la escritura” y existan testimonios de grafía azteca, maya, chibcha y hasta pascuense ¿Algún docente cuestionará eso de “Prehistoria”? Se adelanta la respuesta: ninguno.

Los educadores están nutridos no sólo de los dogmas fragmentadores, sino también de la creencia que la historia comienza al vincularse el Nuevo Mundo con el Viejo. Amén de ello, castrados de espíritu crítico, son obsecuentes repetidores del texto oficial. En otra esfera, no obstante y he aquí otra manifestación, de cúpula a estado llano, de desarraigo masivo se omite en el currículo –como ahora se denomina con pompa- al programa- la protohistoria peninsular. Algo de ésta se analiza en la asignatura de Castellano al aludir a los orígenes del Idioma Patrio. La explicación está en que las oligarquías lugareñas repudian tanto el ayer indígena como el ancestro ibérico. Legitiman la ruptura con Madrid identificándose con Montezuma, Atahualpa o Lautaro. Es sólo viruta retórica, pues finalizan se sabe despojando al pueblo aborigen de suelo y dignidad y lo juzgan un lastre. Anhelan ser europeos y blancos. En ese afán practican, con descaro, el calco de lo francobritánico y ahora de lo estadounidense. Eurocentrismo, indolatría y patrioterismo constituyen la hipotenusa y los catetos del triángulo de esta especie de Bermudas donde son infinitos los naufragios.

Pocos rescatan la admonición de Bolívar: “no somos indios ni europeos. Pertenecemos a un pequeño género humano mixto, somos suramericanos”. Con otras palabras, Simón Rodríguez, Martí, Sandino, Gabriela Mistral, Darcy Ribeiro y Ramos exaltan el mestizaje y explican que nuestra América es una nacionalidad desmembrada y las repúblicas, partículas desprendidas de un todo que fundan Carlos V y Felipe II.
Cada tratado como, por ejemplo, los 20 tomos de la “Historia de Chile” de Francisco Antonio Encina, y cualquier modesto texto escolar reafirma el error, según el cual, las veintitantas patrias son “naciones” y la vecina está poblada de enemigos de ayer, de hoy, de mañana y de siempre. Fronterizos o no, son siempre visualizados como “extranjeros” y con defectos y carencia que los tornan indeseables. Juan José Arévalo, para referirse al Continente, que más bien parece un archipiélago, expresa que nuestras repúblicas “semejan témpanos que flotan en un océano de frialdad sin conexión submarina y privados de común horizonte”.

Los enfoques insularistas son asumidos como propios por las capas medias y la masa popular aplastadas por la cultura oficial. Esta es inyectada a través de la prensa, la TV y la universidad y sostenida como patrimonio por las FFAA de cada país . Estas consagran los particularismos que vulneran la unidad de la patria común que fuese un sólo cuerpo socio-político durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Cada habitante es inducido por la plática familiar, el texto escolar, la instrucción castrense, el comentario de prensa… a sentirse “distinto” y “distante” –y a veces “superior”- a los oriundos de otros segmentos del contexto hispanoamericano y, específicamente, de los limítrofes. Solemniza la patética comedia de equivocaciones la definición entregada por las Facultades de Derecho “El Estado es la nación jurídicamente organizada”.

(*) Centro de Estudios Chilenos- Cedech. Email: profe@cedech.cl Blog: premionacionaldeeducacion.blogspot.com