PPK ¿El Aprendiz?

Por: Jorge Rochabrunt

Quizás muchos quisiéramos que en realidad PPK tenga un TV Reality en el que haga desfilar a los funcionarios públicos que han demostrado incompetencia para cumplir la labor de servicio público, faltas a la ética o corrupción declarada y comprobada, y que luego de exponer los casos, levante el dedo índice de su mano derecha, el rostro rojo de ira, y pronunciando en perfecto inglés de gringo criollo tal como lo hacía Donald Trump en “TheApprentice” (El Aprendiz) hace unos años, le diga al pobre infeliz: ¡You’reFired¡ y zassss una patada en el poto y que pase el siguiente…

Muchos recuerdan esas imágenes de Trump pronunciando en horario estelar la inigualable frase que según sabemos, hoy sigue usando como Presidente de los Estados Unidos, pues hace pocos días despidió sin mediar explicaciones y públicamente, nada menos que al Jefe del FBI.

Lo cierto es que PPK está usando el espectro electromagnético de todos los peruanos para transmitir un programa de TV por las ondas de Canal del Estado (todavía no alcanzamos la figura de Canal Público realmente) al que se ha llamado con poca imaginación “Conversando con el Presidente”. Además, formato grabado de entrevistas que se producen cada 15 días y se difunden reiteradamente, con variados invitados.

Como sabemos, PPK no es propiamente un aprendiz porque se pasó casi cinco años hablando y opinando sobre economía y política con la gente a través de las ondas de RPP Radio y en simultáneo con la plataforma de RPP-TV.
Pues bien. PPK no está inaugurando un formato, sino que se sube al caballo, con modestia y discreción, de una mancha de presidentes latinoamericanos que con más audacia y menos vergüenza, inundaron sus parrillas televisivas, con imposiciones de por medio, que van desde Chávez, Maduro, Correa, losKirchner y muchos otros presidentes, con formatos inenarrables de horas y horas de alocuciones insanas y de auto-bombo. Cuando más dictadura, más corrupción, menos democracia y menos ética, más horas de TV en vivo. Esa es la ecuación.

Por supuesto, todos estaremos de acuerdo en que PPK no está en ese molde. Seguramente alguien le vendió la idea que eso serviría para subir un poco más sus bonos y seguro, aprovechando su experiencia de manejo público de opinión de los temas económicos y políticos.

Pero una cosa es la radio y otra la TV. Y otra, un frío y acartonado formato grabado. Lo cierto es que no estaría mal para nada, que el presidente use medios públicos para dialogar con otros actores de la política y del gobierno. Personalmente, no creo que esté mal. Yo apoyo y aplaudo que el presidente se comunique. Todo tiene que ver con la pertinencia del formato, del horario, del contenido y sobre todo, del objetivo que se persigue.

Antes de juzgar, yo lanzaría preguntas en tono de hacer un afinamiento estratégico a la idea de PPK y su aventura televisiva presidencial: ¿Cuál es el objetivo? Porque, seamos honestos, una cosa es la cobertura y otra el impacto. La cobertura es la capacidad de llegar en el espacio físico con la señal electrónica digital de la comunicación. El impacto, es la capacidad que tenemos de capturar la atención mediática porque el contenido convence, seduce, y trae consigo toda una agenda de interés público.
¿Eso se está cumpliendo? No creo, porque transmitir un programa grabado, sin participación activa directa o indirecta del público no tiene mucho valor. Es solo entonces un afán de pronunciarse, de decir, de hablar, pero no de conectar con el gran público. Quienes han planteado el formato, lo hacen bajo la lógica de emitir y nada más. Aquí no hay comunicación de verdad. En ese sentido, siendo que PPK no es un aprendiz de la comunicación, ha aceptado que le impongan un formato poco competitivo, poco comunicativo, y poco aportador.

En fin, quedémonos con la primera pregunta: ¿Cuál es el objetivo del programa? Estoy seguro que la respuesta real, no es para nada, la respuesta que le vendieron al presidente. Y con ello, lo dejarán en la dimensión de un aprendiz de la comunicación, que finalmente, no es.
Rochabrunt.pe

Compartir