¡Qué vergüenza!

Francisco Diez-Canseco Távara

Es una vergüenza para el Perú que 4 de los últimos 5 Presidentes de la República estén, de una u otra forma, acusados de estar involucrados en actos de corrupción.

A la luz terrible de Lava Jato se está desmoronando una clase política o mejor dicho se está poniendo en evidencia la falta de ella en la medida en que, como bien sabemos, la mayor parte de los partidos se han convertido en meras maquinarias electorales al servicio de ambiciones personales.

El lanzamiento de nuevas opciones políticas es hoy una necesidad imperiosa. Resulta totalmente fuera de contexto pensar en una renovación de los movimientos existentes cuando vemos, por ejemplo, como en el Partido Aprista el dirigente que encabezaba la renovación ha salido manchado por Lava Jato y sus enemigos internos han sido los primeros en crucificarlo.

Es también una vergüenza el periplo de Toledo. Un vil mentiroso el líder de la chakana ha rebajado el nivel de la política a una cruda farsa convirtiéndose en un vulgar delincuente fugitivo que, ante el mundo, nos presenta como una república bananera.

Por el bien del Perú, tienen que caer los demás. Lo cual significa que debemos, como en fuente ovejuna, todos a una, seguir presionando en todas las formas posibles para que los largos tentáculos de la corrupción no puedan comprar jueces y fiscales ni usar las viejas y consabidas tinterilladas que han generado tanta impunidad en el Perú.

La batalla recién comienza: hay muy fuertes intereses creados que moverán todas sus influencias desde bambalinas, para cubrirse, y no me extrañaría que algo de eso haya en la extraña forma mediante la cual se ha tramitado el expediente de extradición de Toledo.

No bajemos la guardia. Esta es la gran oportunidad de darle un golpe mortal a la corrupción en el Perú.

Compartir