¿Quién nos representa?

Por: Carlos Bruce

De acuerdo a la reciente encuesta nacional de Datum, el 87% de la población no se siente representada por los congresistas, y el 91% confía poco o nada en los partidos políticos. Esto no es sino el reflejo de la cruda realidad que padece nuestro sistema de representación por la inoperancia del sistema de partidos e ineficacia de nuestro sistema electoral.

Esta es una realidad que ha de interpelar a toda la clase política y la sociedad civil para abordar de una buena vez el problema de fondo de estos elementos fundamentales del sistema democrático. Antes que dedicar energías a temas aislados lo que urge es la reforma integral y profunda de todo el sistema político.
El descrédito de casi todos los partidos es fruto de su propia actuación que los ha convertido en fantasmas de la informalidad, convirtiendo el sistema partidario en una entelequia donde la voluntad del caudillo es la divisa de sus dirigentes y afiliados.

Es una realidad que se confirma con la renuencia de los dirigentes y representantes de los partidos a emprender una verdadera reforma. Con esta nula voluntad de los reformadores solo se perjudica el sistema democrático, que no podrá contar con el soporte institucional que le dé legitimidad.

Esta crisis de representación de los partidos afecta directamente al Congreso y al gobierno, haciendo más frágil la institucionalidad democrática. Por ello, no podemos resignarnos a esta realidad. Nuestra democracia necesita de partidos políticos que no sean ya, casi en su totalidad, simples membretes o asociaciones de allegados con exclusivos fines electorales donde impera el personalismo.

El deterioro de la institucionalidad política está en el límite de la antesala a proyectos antisistémicos y personalistas. Por ello, la sociedad en su conjunto tiene un desafío ineludible para el fortalecimiento de la institucionalidad democrática que no puede ser dejado en manos de unos pocos.

Sin la sincera y decidida voluntad política de los reformadores para transformar radicalmente el sistema político la ansiada reforma de nuestro sistema de representación quedará para las calendas griegas.
Para revertir la poca credibilidad del sistema de partidos y del Congreso, agravada en extremo con las revelaciones del caso Lavajato, solo cabe una reforma que provenga de la acción conjunta con la sociedad y las instituciones electorales, de la mano de políticos que apuestan por una verdadera renovación de la política. ¿Podremos hacerlo?
(*) Congresista dela República

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