Recrear partidos

Por: Antero Flores-Araoz

Con la tranquilidad de observar el comportamiento de los partidos llamados “tradicionales” en las últimas lides electorales, sin el pie forzado de intentar participar nuevamente en ellas, nos lleva a efectuar varias reflexiones.

La primera es que la militancia partidaria, o por lo menos la simpatía hacia el partido de nuestros ancestros, dejó de ser regla generalizada para convertirse en excepción. Ya no existe “herencia” en el seguimiento partidario, ahora cada quien muestra sus preferencias, y ellas no necesariamente son firmes a través de los diferentes procesos electorales. Hay cambios en la inclinación.
La segunda es que los partidos dejaron de ser los únicos intermediarios entre el poder y la ciudadanía, pues con el correr de los años se han incorporado a tal intermediación diversas ONGs, los medios de comunicación y las redes sociales.

La tercera es que las ONGs, la prensa y las redes, llegan al ciudadano con inmediatez, opinando sobre los acontecimientos gubernamentales y sobre la proyección de la política, como ya lo había señalado Giovanni Sartori.

La cuarta es que los partidos llegan tardíamente a expresar al ciudadano su sentir y opinión sobre los mencionados acontecimientos y también proyecciones. Ello debido a que existe el “asambleísmo” que demora los pronunciamientos. En adición, la existencia de partidos regionales debilita a los nacionales.
La quinta es que los partidos “se quedaron”. Sus formas y discursos fueron superados, las manifestaciones y marchas dejaron de ser indispensables, las redes sociales han sustituido a los comunicados y concentraciones debido a su rapidez.

La sexta porque el discurso político de “gestos” y “floro” quedó sin vigencia. El ciudadano de hoy está apurado, quiere cosas concretas y directas, no desea generalidades, por lo cual adhiere con aprecio a las redes sociales, no solamente específicas y plurales sino también relevantes de singularidades y tendencias.
La sétima porque el nacimiento de nuevas formas de comunicación hacen ver a los partidos de antaño como obsoletos. No se han adaptado a los cambios, y mantienen a las mismas generaciones en la conducción política, sin la renovación oportuna.

La octava es que el ciudadano común y corriente se cansa de lo mismo, quiere cambio, no necesariamente en la direccionalidad social y económica del país, pero si en las modalidades de expresarlo. Además de que hoy las ideologías políticas quedaron en la Historia, y los partidos no tienen mayores diferencias pero si matices, con el agravante de haber “tugurizado” el centro.

La novena que siendo la política “antropomorfa” como decía Mario Polar Ugarteche, los ciudadanos reclaman nuevas caras, no siempre jóvenes, pero si distintos de los tradicionales y conocidos. De allí el éxito de diferentes rostros, que sin necesariamente ser novedosos, por lo menos son distintos de la “clase política” reconocida.

La décima, es que nuestra legislación de partidos, está fuera de época, es exageradamente formalista, con propensión a reuniones y actas, al recojo de firmas, al establecimiento de comités que para poco sirven; cuando hoy existe la comunicación por Internet, las reuniones no presenciales, el voto electrónico y muchos otros mecanismos de la modernidad.
-Todo lo aludido, para reflexionar y tomarlo en cuenta.

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