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Opinión

Reflexiones para evitar la guerra del agua II

28 Mar. 2017

Reflexiones para evitar la guerra del agua II
Jorge Rochabrunt

Por: Jorge Rochabrunt Gamarra

Cuando a más de 4800 metros sobre el nivel del mar se observan ojos de agua, riachuelos y manantiales que uno tras otro, poco a poco, se juntan y alimentan lo que luego será el río Rímac, puede ni pensarse que luego ese caudal terminará alimentando reservorios y sistemas de distribución para más de 10 millones de personas. Puedes seguir por google Earth el caudal del río desde la desembocadura hasta el comienzo, en camino inverso y darte cuenta del cambio de color y locación en torno al río. En realidad, es en Casapalca donde aparentemente comienza el deterioro del río en cuanto a la calidad del agua.

El tema es, que en verdad consumimos en Lima por lo menos tres veces más de lo que realmente necesitamos. Cifras que se sustentan en informes de la ONU. Si a ello se suma crecidas del caudal por precipitaciones pluviales, el tema es que no debería faltar agua.

El asunto es que una ecuación perniciosa se cierne sobre la capacidad de abastecer agua a Lima: incrementos peligrosos de caudal por arrastre aluvial de lodo, piedras y residuos, sobrepasa la capacidad de procesamiento de la planta de tratamiento de La Atarjea, que impacta sobre los 27 distritos más poblados de Lima.

Segundo, si sumamos el factor mal uso del agua (consumo desmedido del recurso) o poca cultura de cuidado del recurso, cuando se juntan desabastecimiento con mal uso, el resultado es una catástrofe. Es decir, si los limeños usáramos cada uno los 50 o 70 litros de agua necesarios para asegurar calidad de vida, en vez de los 170 o 200 litros promedio que consumimos, la sensación de escasez sería otra, y las urgencias también.

El tema es, que el tratamiento de agua tiene dobles y triples procesos con altos costos, porque el caudal que llega a La Atarjea, lo hace con una sobrecarga de residuos sólidos, orgánicos e inorgánicos de todo tipo, incluyendo metales pesados y otros, lo cual exige más tiempo y más recursos para su tratamiento. Si a ello sumamos la falta de infraestructura de SEDAPAL en reservorios para incrementar el tiempo de cobertura sin tratamiento, los impactos de eventos climáticos extremos inusuales y repetidos, como los vividos, serían de otras dimensiones.

En resumen, para asegurar abastecimiento, se requiere cambiar el tipo de consumo de agua por cada limeño, el cuidado del caudal en toda su trayectoria para evitar contaminación de las aguas y reducir tiempos y costos de varios procesos de tratamientos y el incremento de inversión en reservorios tanto como en redes de distribución, lo cual ha sido inversamente proporcional.

Cada kilómetro de caudal del Rímac debería estar monitoreado y protegido. Sanciones administrativas, civiles y penales deberían pesar sobre quienes afecten la carga hídrica del caudal. Por otro lado, el incremento de capacidad de reserva de agua (cosecha de agua) y la siembra de agua para mejorar las laderas del cauce del río con sistemas verdes de contención y ampliación de cauces y pequeñas centrales hidroeléctricas, podrán muy bien ayudar a una gestión del agua en todas sus dimensiones para Lima y evitar miles de millones de soles en pérdidas y vidas humanas, ante eventos climáticos como los soportados en semanas pasadas.
(*) www.rochabrunt.pe