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Opinión

Violencia y crisis de valores en el Perú

24 Oct. 2017

Violencia y crisis de valores en el Perú

Por: Jorge Rochabrunt Gamarra

Me encuentro en el grupo de los que animamos la ejecución del censo y la participación masiva y responsable de todos los peruanos en esta actividad fundamental para la gestión del país. Y no retrocedo al respecto y creo que nadie en su sano juicio quiere sabotear un Censo Nacional.

Me opuse con tenacidad a apoyar posiciones que podrían incentivar un sabotaje al proceso, como una ex congresista pidiendo que los ciudadanos exijan que se marquen los resultados con lapiceros y no con lápices. Aunque no le faltó razón al decir que era increíble que no se haya resuelto el tema tecnológico en el Instituto Nacional de Estadística e INFORMÁTICA.

Pero han pasado muchas cosas. Y las declaraciones de la Presidenta del Consejo de Ministros, respecto de fallas insólitas en el proceso y que por ellas ha pedido un informe, no es más que una sentencia para el Jefe del INEI, Aníbal Sánchez; sin perjuicio de lo cual, cabe recordarle a la ministra Araoz, que el INEI depende directamente de ella, entonces, es lamentable decirlo, tiene una directa responsabilidad política, incluso más directa que si el caos lo hubiese originado un ministro de su gabinete.

Pero algo está ocurriendo a partir de lo vivido este domingo. Algo que el Presidente de la República y Mercedes Araoz deben aquilatar más allá de su responsabilidad política. Esta actividad, como un proceso de elecciones generales, ha contado con la participación de más de un millón de voluntarios. Ciudadanas y ciudadanos que aportaron su tiempo sin condiciones. Y ellos han sido víctimas de violencia y maltrato.

Hemos leído en las redes comentarios y testimonios de cientos de personas de todas las edades, que han aportado cientos de evidencias de mal manejo y gerencia de este Censo Nacional. Donde ellos han sido una carne de cañón, sujetos de desinterés absoluto, por parte de una máquina mal armada llamada Censo 2017.
Más allá de las metidas de pata con relación a los convenios torpemente redactados –espero que así haya sido- el maltrato, vejámenes, violencia sexual y física de la que han sido víctimas empadronadoras voluntarias, ha llevado al país a un punto de quiebre.

Queda claro que la presidenta del Consejo de Ministros tiene que despedir a toda la plana mayor del INEI después que se establezcan las responsabilidades del caso y resolver los entuertos y efectos negativos de esta mala gestión.
Hay algo más, sin embargo. Patricia Salinas, una periodista vehemente y de larga trayectoria que dirige un importante programa en la Televisión del Estado, ha montado en cólera y ha elevado un grito de mujer, de ciudadana, que muchos han criticado, pero la verdad, yo también me pregunto ¿Cómo podemos sostener que no somos un país enfermo? ¿Un país de mierda como ella ha dicho en su cuenta de Facebook?

Sus palabras son un exceso que duda cabe. Pero quién puede levantar la mano y afirmar que no tienen ningún sentido de verdad. Lo ocurrido a la joven empadronadora en Villa El Salvador, está rebasando todos los límites de una violencia y una crisis de valores en Perú, anunciada hace más de 30 años expertos de varios países en un estudio multidisciplinario de la PUCP.

Ha llegado el momento de iniciar un proceso de reflexión y decisión en el país sobre cómo vamos a enfrentar esto. El Censo ha traído algo más que una organización estatal que se ha disparado a los pies. Ha venido con un espejo donde todos nos estamos viendo con el rostro más horrible y culpable posible, y solo queremos levantar el dedo acusador siempre contra el otro y nunca contra nosotros mismos.